Recurrimos a la televisión para apagar el cerebro, y a la computadora para encenderlo. Steve Jobs, iCEO of Apple Computer

 

 Siempre se ha dicho que la persona que tiene el conocimiento tiene el poder; poder que no sólo implica influencia en decisiones o sobre personas, sino más bien poder en trasformar elementos e ideas a nuestro alrededor. El poder del conocimiento le da a la persona la libertad de movilizarse en diversos ámbitos y alcanzar una estabilidad en lo que es permitido de lo que no lo es. El conocimiento es en pocas palabras “volverse experto” en ciertos temas, formas de actuar, formas de proceder etc. Sin embargo, el poseer conocimiento no lo es todo, sino más bien el éxito radica en saber aplicarlo; de aquí se desprende la diferencia primordial entre información y conocimiento. El primer concepto se refiere a tener acceso a datos agrupados que me permitirán conocer de forma superficial algo relacionado con un tema, mientras que el conocimiento es la destreza de cómo utilizar dicha información para producir algo nuevo.

Si vemos el proceso educativo pretendemos que nuestros alumnos no sólo “sepan” lo básico sino más bien que lo “apliquen” y esto en palabras referentes al tema podríamos citarlo así: necesitamos que nuestros alumnos “conozcan” los temas y no únicamente se “informen” sobre ellos; todo esto como producto de las habilidades y destrezas que se ejercitan dentro del aula y la forma de enseñar. De tal manera, cuando hablamos de información definimos que es un conjunto de datos, como lo mencionaba anteriormente, pero que no tienen poder por si mismos. Sólo aquel que se dedica a asimilar dicha información y buscar la aplicación será quien pueda determinar el poder de la misma.

En cualquier labor profesional quien tendrá éxito es aquel que conoce la herramienta y la hace suya, y con ella crea nuevos ambientes, soluciona conflictos antiguos y promueve una cultura de fácil acceso para todos. Si pensamos en la tecnología educativa, nuestra reflexión podría centrarse de la siguiente manera: como administrador educativo conozco ciertas herramientas que permiten obtener resultados de una manera más rápida, efectiva y objetiva; las descubro, las pruebo y finalmente las implemento, capacito a las personas y todos iniciamos un proceso de evaluación para verificar si las herramientas dadas facilitan los procesos ya de por si establecidos.

En el campo educativo entonces, no sólo aprende el alumno a manejar la herramienta sino que le ayuda a llegar a altos niveles de comprensión cognitiva donde su razonamiento, poder de resolver conflictos y juicio crítico serán desarrollados por medio de las últimas alternativas que nos presenta al mundo tecnológico.

Creo firmemente, que como docentes lo primero es arriesgarse a renunciar a lo que usualmente se ha utilizado, botar barreras mentales y proponerse una actitud abierta al aprendizaje. Muchos docentes tienen grandes conflictos con la tecnología pero en realidad no es con ella el conflicto sino con ellos mismos, por el temor de no ser capaces de manejar las tendencias tecnológicas. Por ello el tener una actitud abierta al aprendizaje nos hace llevar ganado el 50% del camino, luego, aprender nuevas formas de enseñar, investigar, cuestionar etc., de esta manera promoveremos en nuestros alumnos el anhelo de aprender pues evitaremos aquella famosa pregunta: ¿Y esto para que me va a servir?

El maestro del nuevo milenio no es el que maneja una computadora, sino más bien es aquel que puede crear por medio de ella un ambiente distinto para que las mentes de nuestros alumnos tengan mucho espacio en donde volar, crear y pensar.

En mi trabajo se valora el hecho de conocer herramientas, pero he descubierto que no lo debo hacer pensando en mi trabajo sino más bien en los beneficios personales que yo puedo obtener. Entre más cosas nuevas yo aprenda, con más facilidad puedo enseñarles a quienes comparten conmigo y por ende puedo promover un cambio que marcará la diferencia.